Postales desde el quinto B, número 41

Durante una hora y media pude ser feliz Comiendo chocolate y palomitas de maíz Sintiendo que era yo el que besaba a aquella actriz —Nacho Cano Inmersión. Eso es lo que vivo ante una buena película de cine. No importan las tareas que tenga pendientes, lo difícil que haya sido la semana o lo cansado que esté. Cuando una película me engancha con su historia, inevitablemente me transporta a su realidad. Me permite vivir otras vidas en otros tiempos. Una hora y media de desconexión para conectar con un universo nuevo creado gracias al esfuerzo de muchas personas. Un abanico de emociones que se diluirá poco después de que, sobre la pantalla, se proyecten los nombres de quienes lo han hecho posible. Y eso es todo. Fin. La vida sigue.

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